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Las organizaciones: estructuras dinámicas, cambiantes, vivas.

El ser humano ha tenido la necesidad de organizarse socialmente a lo largo de la historia para poder establecer estructuras que permitan un relacionamiento y flujo efectivo de actividades . Con el paso del tiempo estas estructuras sociales se han modificado y han evolucionado a medida que la humanidad también lo hace.

 

La naturaleza ha sido una inspiración constante, el hombre habita sus espacios y por esto, es ella quien establece las condiciones sobre los que se fundan las sociedades. Los procesos de adaptación a las condiciones naturales datan de la prehistoria, grupos de personas nómadas se dividían las responsabilidades y trabajos, todos con el mismo objetivo: satisfacer las necesidades grupales y encontrar el alimento suficiente para todos.

 

La biología es definida como la ciencia que trata a los seres vivos considerando su estructura, funcionamiento, evolución, distribución y relaciones. Personajes brillantes como Leonardo Da Vinci, al incursionar en este tema a través de la anatomía y realizar los primeros dibujos del cuerpo humano, despertó la curiosidad por estudiar el funcionamiento de los órganos y sistemas del hombre, así como su relación con la naturaleza y la vida.

 

Al igual que la naturaleza, las empresas son cambiantes, son literalmente estructuras vivas conformadas por personas diversas que están en constante movimiento, por eso, su estructura debería atender a esa realidad, no ha formas estáticas e inamovibles.

 

En el video se muestra una estructura basada en la naturaleza, que acepta y está preparada para los cambios, donde se les da la importancia necesaria a las personas (sin ellas no habría organización), a la comunicación y al relacionamiento.

 

La función de cada persona (átomo) es fundamental para el funcionamiento de los equipos de trabajo (células) los cuales tienen especialidades y funciones específicas, los equipos de trabajo solo logran ser de alto rendimiento cuando los átomos correctos y alineados con los mismos propósitos se unen. Este vínculo, a su vez, da paso a las áreas de trabajo (sistemas) que en su totalidad conforman la organización: un ser vivo, en movimiento.

 

Los organigramas de las empresas deberían mostrar de la forma más clara las dinámicas y formas de trabajar dentro de las organizaciones, haciendo las veces de un espejo de lo que son las relaciones, la comunicación, las funciones y los roles.

 

Las estructuras y dinámicas empresariales deben beneficiar la capacidad de autonomía de las personas, entregarles un sentido de confianza y responsabilidad con el que puedan actuar con convicción, no por obligación. Donde independientemente de si el líder está o no está, siempre haya personas capacitadas y empoderadas para tomar las mejores decisiones que beneficien a todos.

 

Una organización concebida jerárquicamente está destinada a la burocracia, a entornos donde hay límites para actuar, crear y comunicarse, por ende, a personas mediocres y poco propositivas donde nadie tiene autonomía para hacerse cargo de sus propias decisiones.

 

El ideal es que las organizaciones tengan estructuras basadas en la confianza, donde las personas asuman grandes responsabilidades y los líderes hagan parte real de los equipos, fomentando el trabajo autónomo, sirviendo como facilitadores de los procesos e impulsando a las personas a tomar mejores decisiones y a hacerse cargo de sus roles.